La religión como compañía aseguradora contra condenas
Hay quien, por miedo, siempre se pondrá del lado de las creencias que nos protegen de las desgracias más terribles, de las iras más temidas. La verdad objetiva siempre será sustituida, según esta gente, por posibilidades más espeluznantes si esa sustitución sirve para evitar esas poco probables pero temidas posibilidades. No les obsesiona acertar o no, les basta con creérselo, para ellos, creérselo es un don; y la vida, que es un regalo, se convierte, en las grietas de su alegría fabricada, en un valle de lágrimas, en un miedo constante, en un cálculo de intereses que asfixia cualquier acto creativo y creador desinteresado. Vivir es para ellos prevenir, y descubren en los hechos que ocurren, supuestas pruebas de su fe masticada y prefabricada. Si se lo dice un cura serio y con ínfulas de poder social, lo consideran dogma. Creen en un dios que se esconde, pero que exige ser visto en todo; que siempre pide sacrificios, que no ha sido precisamente el inventor de las fiestas y de la alegr...