La religión como compañía aseguradora contra condenas
Hay quien, por miedo, siempre se pondrá del lado de las creencias que nos protegen de las desgracias más terribles, de las iras más temidas. La verdad objetiva siempre será sustituida, según esta gente, por posibilidades más espeluznantes si esa sustitución sirve para evitar esas poco probables pero temidas posibilidades.
No les obsesiona acertar o no, les basta con creérselo, para ellos, creérselo es un don; y la vida, que es un regalo, se convierte, en las grietas de su alegría fabricada, en un valle de lágrimas, en un miedo constante, en un cálculo de intereses que asfixia cualquier acto creativo y creador desinteresado. Vivir es para ellos prevenir, y descubren en los hechos que ocurren, supuestas pruebas de su fe masticada y prefabricada. Si se lo dice un cura serio y con ínfulas de poder social, lo consideran dogma.
Creen en un dios que se esconde, pero que exige ser visto en todo; que siempre pide sacrificios, que no ha sido precisamente el inventor de las fiestas y de la alegría, excepto cuando, a ellos, les conviene decirlo para maquillar el castigo eterno que temen y que a menudo les estropea la estrategia de marketing. Se sienten importantes creyendo en esta idea ultra-segura de un dios en el que creen a imagen de su propio miedo, al que quieren hacer pasar por luminoso, como si fuera una idea superior que el mundo, pobre mundo, no entiende ni acepta; y hablan con los demás como si su actitud y creencias fueran claras y establecidas, como si no hubiera otras posibles, como si los demás tuvieran que asumirlas por obligación o por inercia.
Las críticas las visten de martirio, de persecución, de conspiración… como si un poder diabólico atacara la verdad que custodian, el buen grano que poseen, de modo que tienen la oposición, la disidencia, bien etiquetada, para desautorizar o rechazar cualquier desacuerdo, cualquier crítica o freno a su delirio ultra-salvador. Piensan que están rodeados de malos que quieren robarles la fe por envidia, así se blindan contra los que no viven como ellos.
Y la vida, la que es de verdad, la creada por el Dios de verdad, insegura y bella como es, se les escapa de entre los dedos.

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