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Mostrando las entradas etiquetadas como muerte

Somos todo oídos

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¿Cómo es llevar un mes muerto?  No hace mucho nos comunicábamos, debatíamos, nos reíamos, cantábamos, hablábamos de la muerte y de la vida, de la culpa y del perdón, de Dios y su inmensidad. Y ahora, tú ya lo debes saber todo. Conoces todos los secretos.  Quien mató a Kennedy. Cómo murió Marylin. Las diferentes especies de humanos que poblaron la tierra. Ya sabes quien soy y dónde coincidimos un día. Conoces todos tus pecados y los míos, también los que no percibías de vivo, y te has arrepentido de todos ellos. Sabes lo que es morir, las sensaciones del viaje, lo que se ve, lo que se escucha. Te has encontrado con familiares que nunca conociste de vivo. Has visto a mi padre, a mi primo, a amigos que tuve en mi juventud, y habeis charlado sobre mí. Se me hace curioso pensar que en el más allá hay gente que habla de mí. Ahora conoces lo que antes eran misterios. Pensar esto es extrañísimo, pero es real como la vida misma. También sabes que todo lo que siempre he escrito es lo qu...

Aunque no hubiera cielo, yo te amara...

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¿Qué es un mes? La doceava parte del año. ¿Qué es un año? Apenas nada. Con suerte, quizá solo 1/80 parte de la vida. ¡Y parece tanto! Cualquier intervalo de tiempo es "nada". Y algunos nos parecen largos. Supongo que debemos estar programados para sentir que vivimos mucho tiempo, o que nos queda mucho tiempo por delante. Pero si pensamos en las proporciones, todo es poco. Y no pasa nada. Algunos creemos que no hay muerte. Y, si la hubiera, si nuestra fe no tuviera fundamentos, pienso que viviría como vivo. En este punto, y en otros, no estoy de acuerdo con San Pablo cuando dijo que, si no hay nada más, comamos y bebamos que mañana moriremos. Yo cómo y bebo y canto y me río y abrazo y juego... haya o no haya vida más allá de la vida. Y deseo con todas mis fuerzas hacer las cosas bien aunque no hubiera cielo; porque eso, el hacer las cosas bien, ya es un poco de cielo. Pues eso... Aunque no hubiera cielo, yo te amaría ...

Tu me mueves, Señor, muéveme el verte, clavado en una cruz y escarnecido.

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No me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno, tan temido, para dejar por eso de ofenderte. Tu me mueves, Señor, muéveme el verte, clavado en una cruz y escarnecido. Muévenme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme al fin tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara; y aunque no hubiera infierno te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, porque aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.

Prisciliano de Compostela

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  Cuando se muere un ser humano, la vida sigue. Los que se reunieron a su alrededor se dispersan, cada cual sigue su rumbo, y el que ha partido se convierte en el recuerdo de un tiempo que se compartió. Pero los que lo han tratado no se quedan igual. Todos somos faros para todos. Todos nos influímos; aun cuando nuestra relación transcurra a traves de las letras. Las palabras y las frases se convierten en instrumentos que trasladan nuestra identidad hacia el ser de los demás y viceversa; y al final, los demás no son sólo lo que son y lo que han sido, sinó lo que nosotros hemos imaginado de ellos. El Sol vuelve a salir con la misma fuerza de siempre. La Tierra sigue dando vueltas. Nuestro cuerpo se va gastando, cada día más cansado. En nuestro interior pervive el joven que un día fuímos y que ya no se refleja en el espejo. Somos mejores; hemos aprendido a fuerza de desventuras y esperanzas inquebrantables. Hemos crecido en el arte extraño de la humildad. Ya no haríamos todo lo que h...