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Carta a un rehén

"  ¡Estoy tan cansado de las polémicas, de los exclusivismos, de los fanatismos! Yo puedo entrar en tu casa sin tener que vestir un uniforme, sin verme obligado a recitar un Corán, sin tener que renunciar a nada de mi patria interior. A tu lado no tengo que disculparme, no tengo que defender, no tengo que probar; encuentro la paz... Por encima de mis torpes palabras, por encima de los razonamientos que pueden confundirme, tú, en mí, sólo tienes en cuenta al Hombre. En mí reconoces al embajador de creencias, de costumbres, de amores personales. Si difiero de ti, lejos de perjudicarte te enriquezco. Me haces preguntas como se pregunta al viajero. Yo, como todos, necesito ser reconocido, contigo me siento limpio y por eso me dirijo a ti. Necesito ir a donde me sienta limpio. No han sido mis fórmulas ni mis andanzas las que te han permitido saber quién soy: ha sido el aceptar quién soy lo que, en todo caso, te ha hecho ser indulgente tanto con estas andanzas como con aquellas fórmulas...

Somos todo oídos

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¿Cómo es llevar un mes muerto?  No hace mucho nos comunicábamos, debatíamos, nos reíamos, cantábamos, hablábamos de la muerte y de la vida, de la culpa y del perdón, de Dios y su inmensidad. Y ahora, tú ya lo debes saber todo. Conoces todos los secretos.  Quien mató a Kennedy. Cómo murió Marylin. Las diferentes especies de humanos que poblaron la tierra. Ya sabes quien soy y dónde coincidimos un día. Conoces todos tus pecados y los míos, también los que no percibías de vivo, y te has arrepentido de todos ellos. Sabes lo que es morir, las sensaciones del viaje, lo que se ve, lo que se escucha. Te has encontrado con familiares que nunca conociste de vivo. Has visto a mi padre, a mi primo, a amigos que tuve en mi juventud, y habeis charlado sobre mí. Se me hace curioso pensar que en el más allá hay gente que habla de mí. Ahora conoces lo que antes eran misterios. Pensar esto es extrañísimo, pero es real como la vida misma. También sabes que todo lo que siempre he escrito es lo qu...

Oraciones convalidadas

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  Este pobre y desorientado hereje siente tu presencia cuando estoy allí. ¿Y no sé quien eres? Dicen que eres su madre amada, y madre de todos; yo no lo sé. Otros dicen que naces de la imaginación de las almas puras; tampoco lo sé; aunque hay hechos difíciles de explicar si así fuera. La Iglesia dice que no estamos obligados a creer en tus apariciones, seas quien seas; aunque yo soy hereje y voy un poco por libre.  Yo aplico el principio de convalidación. Cuando uno estudia una carrera en América, si quiere ejercerla en Europa, muchas veces tienen que convalidarla o verificarla, no sé cual es la palabra. Lo que vengo a decir es que si en realidad fueras Budha y yo le rezara a la Virgen María, a Budha no le importaría, y me convalidaría mis oraciones. Igualmente si eres algun ser inmenso de Dios, quizá inexplicable, y yo le rezo a la Virgen María, también te estará bien. Y si eres la Virgen Maria, y te rezo, sin creer demasiado, o nada, en los dogmas que se relacionan contigo, ...

Los, los leones... No, no, nos van a comer!

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Roma. Finales de marzo o principios de abril de 1986. Decenas de adolescentes rebosantes de hormonas entran en las profundidades de las catacumbas. El techo es bajo; las paredes del túnel dejan un pasadizo estrecho. En las mismas paredes, orificios a modo de nichos sin lápida dejan ver huesos, calaveras, polvo humano descompuesto. Una luz tenue, macabra y sugerente nos sumerge en un ambiente de película de Semana Santa. Los buenos chavales, como yo, se emocionan pensando en los primeros cristianos: sus cánticos, su fe, su lucha, su miedo. De repente, uno de los que nos dirigían —el más macarra, delgaducho y con un bigotillo bien cuidado— empieza a cantar como un poseso con la melodía de un tradicional desfile norteamericano: Los los leones... No no nos van a comer... Los los leones... No no nos van a comer... A su voz socarrona se unen las voces de los hormonados que le seguíamos, los cuales nos esforzábamos por no romper a reír. El macarra era Suso Mendive, y uno de los hormona...