Lo invisible



"Pertenecemos a un mundo en el cual ya no vivimos lo invisible, pero si somos receptivos e interiorizamos, hay realidades que podem sentir sin ver"

Frédéric Lenoir

Hay momentos en que lo invisible, sin poder explicarlo claramente, se hace evidente. Es un invisible que no tiene nada que ver con las definiciones cuadriculadas, doctrinarias y moralistas. Es un invisible que interpela a golfos y vividores como yo, que estamos tan lejos de la perfección idealizada. Es un invisible que dibuja aproximaciones, trazos, esbozos de lo que deberían ser las cosas; pero esos esbozos resultan más eficientes y luminosos que los propios proyectos ya acabados y perfeccionados. Es un invisible que te coge la mano y te la hace escribir, que te planta delante el sueño de una Sagrada Familia imponente y te la hace levantar, ladrillo a ladrillo, aunque uno sabe bien que esa Sagrada Familia es descomunal y que uno es incapaz e indigno de levantarla. Pero como un loco, con ayuda de un buen vino, los recuerdos de un tiempo glorioso, y la música de Esquirols, de Manu Chao y de Llach, uno se dispone a poner los ladrillos, uno encima del otro, aun sabiendo que los ladrillos están pagados con la fortuna del señor Güell, el cual la acumuló traficando con esclavos de África a América. Y uno va poniendo los ladrillos y se estremece de que este invisible misterioso, bueno y sabedor de quién ha pagado los ladrillos, quiera que los ladrillos sean puestos uno encima del otro; y esto es sorprendente aunque haga siglos que Güell hiciera el dinero como lo hizo.

Y la Sagrada Familia que uno levanta condena el origen de la fortuna que le ha permitido existir. Como aquel hijo descendiente de los piratas violadores de doncellas de una cruel época medieval; el hijo descendiente condena con toda el alma la violación de los piratas, que por otra parte, sin embargo, lo han originado a él mismo.

La vida es extraña. Lo invisible es extraño y nos supera. A veces lo invisible se manifiesta de una manera tan poco discreta que uno se siente a medio camino entre la admiración, el agradecimiento y, sobretodo, la sorpresa; porque lo invisible no es beatífico, es amigo del barro, de los pantanos, del vino, de los tejados y los gatos por la noche, de la desnudez, del sexo, de la juerga, de las fachadas sucias y con la pintura levantada de tantos barrios de tantas ciudades... Este invisible va en contra de todo aquello que destruye a la persona, pero también va en contra, con todo su anhelo, del miedo paralizante a vivir y a disfrutar con el que algunos creen evitar el riesgo de la destrucción humana. El vicio nos destruye; pero, paradójicamente, el miedo al riesgo ya nos ha destruido si lo abrazamos; el miedo a la vida y la castración de la propia vida por los riesgos que hipotéticamente nos pueden poner en peligro son ya el entierro de la vida. Lo invisible, aunque a algunos les pese, también sopla este mensaje.

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