Propósitos para el 2026
Este año que comienza me propongo escribir más, escribir lo que tenga en la cabeza, escribir lo que me haga feliz; porque escribir me va bien, porque me ayuda a conocer los mecanismos de mi cabeza, a ordenar las ideas, a tomar decisiones; porque le da a mi inconsciente la posibilidad de expresarse en un momento en que es tan peligroso diluirse en la inercia de los últimos años de la vida de uno.
Me propongo disfrutar del trabajo, disfrutar de hacerlo bien aunque esta benignidad no sea reconocida por otros humanos, aunque los frutos solo los reciba la persona afectada y aunque en muchas ocasiones solo se dé cuenta de esos frutos cuando han pasado algunos años.
Me propongo recuperar mi voz para cantar; eso significa cuidarla, cosa que no he hecho desde hace años; y significa continuar la recuperación de la mano derecha, que necesita el hábito constante de practicar, porque si no la fuerza del ictus gana. Me propongo seguir rescatando viejas canciones de Irlanda, de Argentina, y de las de siempre, que son las que aumentan mis niveles de oxitocina en sangre y pintan mi vida de felicidad.
Me propongo continuar con el piano, que me espabila la mente como nadie se imagina y que me hace descubrir paisajes maravillosos en la selva desconocida e inexplorada de los acordes; especialmente los de Cole Porter y George Gershwin.
Me propongo continuar con el hábito de no usar bañador en la playa, que tanto bien ha hecho a mi vida desde hace más de treinta y cinco años, porque me despierta recuerdos heredados de los tiempos en que mis antepasados, la mayoría de ellos de antes de la historia, vivían una relación feliz, corta e intensa, con los elementos de la naturaleza, porque ayuda y me ayuda a recuperar y reivindicar la imagen natural del ser humano, a deshacer la sexualización artificiosa que la cultura de las civilizaciones ha impuesto sobre la piel, y porque significa un incremento de la intensidad y de la felicidad de la vida tan inmenso que si la gente lo experimentara los fabricantes de bañadores tendrían que cambiar de oficio.
Me propongo no tener miedo de la guerra, probable y cercana, y buscar estrategias para que mis seres queridos puedan marcharse a países seguros. Me propongo seguir luchando para que las personas que huyen de la guerra y de la pobreza, y que llegan a Europa, sean valoradas como personas, ayudadas y amadas en su dignidad, sin criminalizaciones generalizadoras que sitúan el bienestar propio por encima del derecho irrenunciable a la vida de todo ser humano.
Me propongo trabajar para producir el mejor cortometraje que nunca he producido, para componer y cantar la mejor canción que nunca he interpretado, y para escribir la mejor novela que jamás he escrito.
Me propongo ir a nadar como mínimo una vez a la semana, y no obsesionarme nunca con el cuerpo ni con su aspecto como tantas personas que llenan el gimnasio, y que en cambio abandonan el alma, el espíritu, la cultura, el anhelo de acercamiento al misterio de la vida.
Me propongo no eliminar el acercamiento progresivo y sincero al dios misterioso presente en todas partes, que está por encima de todas las religiones, que ama a todas las personas, y que representa la esperanza en medio de una existencia en la que no todo lo que pasa es lo que Él/ella/elli quiere.
Me propongo priorizar a las personas por encima de las leyes, y reconocer que no lo puedo hacer todo bien, y que no pasa nada, que está bien así, que no tengo que buscar la perfección en todo, sino que tengo que proteger espacios y momentos que son mi territorio y mi tiempo, tan necesarios para construir la vida y mantener las fuerzas que hacen falta para seguir intentando hacer las cosas bien.
Me propongo no ceder a nadie el control ni la valoración de los ejes esenciales de mi vida, y no pretender controlar ni valorar los ejes esenciales de ninguna vida ajena.
Me propongo no dejar de beber vino cada fin de semana con moderación, algún vermut cada mes, y un Pernod extra cada medio año. El cerebro necesita una dosis breve y controlada de aquellos productos de la Tierra que nos permiten soñar un poco más allá de lo que racionalmente sería previsible.
Me propongo no olvidar cada día que me estoy muriendo, y que tengo que vivir con este hecho en todo lo que tenga que ver con la relación con las demás personas, los deberes como ser humano y el disfrute y el gozo de las cosas buenas de la vida.
Me propongo proteger, defender y trabajar por la virginidad del paisaje siempre, en todo momento y por encima de cualquier interés económico o de comodidad.
Como tampoco tienen que ser muchos propósitos, de momento lo dejo aquí.
¡Feliz año a todos!

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