Existe un porqué diferente y misterioso que no está atrapado por ninguna religión. Hay una realidad inexplicable e incluso innombrable, completamente distinta a cualquier divinidad de las inventadas. Hay una espiritualidad que no tiene religión, ni doctrina, ni ritos preestablecidos, ni incienso, ni castigos, ni premios, ni juicios, ni derecho antropomórfico y tedioso, espejo de miserias y rencores. Hay un poder que actúa, esquivando los dogmas y las sotanas casposas, las barbas de los rabinos y la ocultación de los imanes. Hay una acción silenciosa y disimulada que impulsa obras, versos, sonidos, sueños e ideales. El amor no es patrimonio exclusivo de las religiones. Las personas, y en general cualquier ser con conciencia, tenemos la capacidad de amar de la única manera posible. Amo y creo en esta realidad, independiente y no afiliada a ninguna fe; la que también tenía Màrius Torres; la que profesaba, sin saberlo yo hasta hace poco, mi bisabuelo Joan Jofresa, la realidad a la que no ...